El pasado no te define, te limita

¿Qué debería definirte, entonces? ¡Lo que quieres ser y aún no eres! Sí, ya sé que esto no es lo habitual. Pero si te fijas, el destino que quieres alcanzar dice más de quien eres hoy que las metas que ya has conquistado. Perdona que insista, sé que somos una cultura que rinde culto al pasado, pero eso no deja de darnos muchos quebraderos de cabeza. Por eso merece la pena que tú y yo le dediquemos unos párrafos a este asunto…

La instrucción es clara y radical: desde ahora mismo, nombra a tu futuro portavoz de tu identidad. Cuando tengas la oportunidad de darte a conocer, no olvides hablar de lo que estás queriendo lograr, asegúrate de que tu entorno, tus amigos, tus seres queridos sepan qué cimas te has propuesto culminar, sepan qué quieres que ocurra y no sólo qué te ha ocurrido. Y cuando estés a solas contigo mismo, piensa mucho menos en lo que has vivido y dedica mucho más tiempo a pensar en lo que está por vivir.

 

Sé que suena extraño. Hazlo. Resiste a la tentación de contar tus penas del pasado o de compartir tus medallas por heroicidades que ya terminaron.

Si me haces caso, lo primero que sentirás es que no sabes bien qué contar. ¿Cómo se habla de lo que aún no ha ocurrido? Pero esa es una de las virtudes de la propuesta, que te indica tu grado de inseguridad sobre tus cambios. Cuando puedas hablar con naturalidad de tu futuro, tendrás la prueba de que confías en que ocurra. Estarás surcando el mar de tu vida con gracia y con libertad. Si te cuesta, tendrás la señal de que debes trabajar lo que sea que te está impidiendo verlo como algo factible.

Nombrar al futuro el portavoz de tu identidad reformatea tu sistema mental, te obliga a tener más presente tu destino y eso hace que te sea más fácil lograrlo porque tiene tu atención, que es una cualidad extraordinaria de la que dispones y que no usas del todo bien con demasiada frecuencia.

No es nada brujo: la mente trabaja más en aquello a lo que le das protagonismo. Si dejo que me defina mi pasado, será mi pasado lo que tenderá a repetirse. Si le doy más protagonismo a mis sueños y proyectos, éstos cobrarán más fuerza y mi sistema mental y emocional lucharán por que ocurran.

Caso práctico 1: acabas de perder tu trabajo. Llamas a un amigo, le cuentas lo que ha ocurrido con todo tipo de detalle, lo mala que es la empresa, lo injusto que es lo que te han hecho, lo bien que has servido al departamento durante diez años… Etc. Ya conoces el discurso. Tu amigo te consuela, te anima. ¿Qué hace para animarte? Piensa un segundo. ¿Te dice que a tu ex jefe le va a asolar una peste medieval? No creo, si te quiere animar, te hablará de… ¡tu futuro! Te dirá algo que se parezca a “todo saldrá bien”. ¿Lo ves?

Si te habla de tu pasado, si se integra en tu comité de nostálgicos, no te animará. Tú dirás que te desahogarás, pero en realidad, te estarás ahogando. Hay que hablar con propiedad: hundirse en lo que ya no se puede cambiar ahoga. Lo que de verdad desahoga es empezar a definirse desde lo que quieres que ocurra. Es decir, que lo antes posible puedas pensar en qué trabajo deseas conseguir a continuación. No hace falta ser un superhéroe para dejar atrás el pasado, hace falta estar informado sobre los efectos que tiene no hacerlo, tomar conciencia de cómo afecta a tu salud definirte por lo que ha pasado. En realidad, lo que te define es lo que vas a hacer con lo que ha pasado, es decir, tus planes de futuro…

Caso práctico 2: tú, el día de hoy. Inaugura este experimento. Piensa sobre todo en lo que quieres que te ocurra. Si te sientes incómodo, sonríe, y sigue… Considera que te estás curando de un mal uso de tu mente que tiene consecuencias nefastas para tu felicidad. Y mañana, haz lo mismo: cuenta más de lo que deseas y menos de lo que has vivido. Si crees que lo que has vivido es tan interesante, escribe tu biografía o un diario, pero no le des el timón de tu barco al pasado.

Tus relaciones tampoco se benefician de ese contar lo que ha pasado. Creemos que lo que nos mantiene unidos a alguien es que lo sabe todo sobre nuestra vida, pero no es cierto. Lo que mantiene una amistad o una relación sana es lo mucho que deseas que el otro, tu amigo o tu pareja, pueda ser quien quiera ser.

Así que utiliza el poder del futuro. Suelta amarras con el pasado. Ponlo en tu museo, en un lugar de tu mente al que puedas acudir de vez en cuando, para comprender algo o para recibir una lección, pero no le des el poder de definirte. Cambia tu fórmula de quien eres hoy: pon un 20% de quien fuiste y un 80% de quien quieres ser. Y observa la diferencia.

El mundo necesita más personas realizadas. ¿Te apuntas a ser una de ellas?

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