Ambición: un ingrediente mágico que te sale caro ignorar

De alguna manera, los malos se la han quedado… Es difícil que la ambición forme parte del vocabulario de las «buenas personas».

Sin embargo, sin ella, sin su empuje y ese hacer que siempre tengas el punto justo de insatisfacción para no apalancarte, es muy improbable que logres realizarte.

En el mejor de los casos, piensas que puedes vivir sin ella. En el peor, crees que es tu obligación moral mantenerte a distancia. No vaya a ser que se te pegue algún tipo de mal.

En la medida en que no conectes con tu ambición, el coche de tu vida estará sin encender el motor. Te puedes subir, puedes poner las manos sobre el volante y moverlo en un sentido u otro, hasta puedes hacer ruiditos guturales imitando el motor. Pero no irás muy lejos. Eso está claro. Tu vida es ese coche, y lo triste es que es un COCHE DE VERDAD, que te podría llevar a donde quisieras… Y tú actúas muchas veces como si fuera de juguete.

Si no despiertas tu ambición, tu potencia mental está bajo mínimos y tu residencia emocional en el dique seco. Es así de importante…

Así que hurga en tus entrañas y convoca a tus neuronas más valientes y ponte a ello: ambiciona. Que es como decir, sé, vive, vibra, construye tu futuro.

A lo mejor hasta hoy no habías caído en la cuenta de que tenías que encender tu ambición.  Pues ya sabes lo que dicen, «nunca es tarde si la dicha es buena». 

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